PRIMER PREMIO DEL XI CONCURSO LITERARIO «LOS MONEGROS»

Celia Armañac ganó el primer premio del Concurso Literario del IES Monegros Gaspar-Lax, organizado por el Departamento de Lengua en su XI edición, en la Categoría de Bachillerato y Ciclos con este fantástico relato titulado: En un lugar de Norteamérica. Se trata de una parodia moderna del inicio de Don Quijote de la Mancha, aprovechando el IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. ¡No os lo perdáis! ¡Enhorabuena Celia!

En un lugar de Norteamérica, cuyo nombre no se ni pronunciarlo, vivía no hace mucho tiempo un americano de los de tripa cervecera, permiso de armas, chupa motera y trabajo de pizzero. En su casa se comía más del McDonals que casero, beicon los sábados, tortitas los viernes y se bebía algún trago de whiski los domingos. Tenía una limpiadora mexicana que pasaba de los 40, una hija que no llegaba a los veinte y un perro llamado Jack que servia para todo. Nuestro amigo rondaba los 50 y era de constitución recia, peludo de rostro, gran patriota y amigo de la cerveza.
A nuestro americano le fascinaba todo lo relacionado con los crímenes y los detectives. Se pasaba sus ratos libres viendo CSI y películas de crímenes y leyendo novelas policíacas. Y de tanto leer (y ver series) perdió la razón .Así, rematado de juicio le pareció que el mundo necesitaba más policías valientes que detuvieran asesinos y vio también que el podía hacerse inspector y recorrer la ciudad en busca de los peores criminales.
Y lo primero que hizo fue fabricarse una placa con cartulinas (que a el le pareció digna del mejor sheriff) y que se coloco en la camisa con un imperdible. Además arregló una pistola de balines que encontró en el sótano de su casa y fue a ver su coche, que estaba destartalado y sin embargo le pareció perfecto para largas esperas espiando a un sospechoso con café y donuts. Tardo más tiempo en encontrar un apodo para él y finalmente se llamo “Detective” pues creía que no habría ninguno mejor que él.
Pero ¿Qué es un detective sin su compañera policía que sea además la persona de la que esta enamorado? Para ello Detective eligió a su compañera pizzera que, aunque algo simplona y ruda de maneras, siempre estaba dispuesta a romper un poco su rutina. Era además gran amiga de los culebrones por lo que su imaginación le prometió grandes dichas si seguía las ocurrencias de su compañero (aunque no dejaron de parecerle un tanto raras). Y un buen día nuestro Detective y su fiel compañera dejaron de asistir al trabajo y comenzaron su tarea de defender a la ciudad de la delincuencia y el mal.
Y su primer caso lo encontraron de improvisto, al pasar por al lado de un callejón oscuro. Detective vio a un hombre de constitución ancha y vestido con una larga gabardina que arrinconaba contra una pared a una mujer que suplicaba socorro. Agazapado en las sombras un hombre bajito observaba la escena.
De repente, al verle ambos hombres echaron a correr y Detective salió  a la carrera en pos del agresor y su cómplice pero su compañera no pudo seguirle porque se le rompió el tacón de la bota y cayo estrepitosamente al suelo. Y es que nuestro afamado policía se había empeñado en que, como en todas de las series que había visto las detectives llevaban unos tacones de por lo menos 5 cm., aquella que quisiera acompañarlo en su aventura contra el crimen no había de ser menos.
Y así, tenemos a nuestro héroe solo contra el peligro, persiguiendo a dos criminales por las calles de la ciudad. En su carrera, Detective choco contra un puesto de fruta, derramando todas las naranjas y las manzanas por la acera y provocando que la cara del vendedor, nada comprensivo con el mejor policía de la ciudad, se pusiera roja de furia. Los fugitivo giraron hacia una pequeña calle y cuando Detective llegó, ya no había nadie. La calle acaba en una valla bastante alta y nuestro héroe no dudo en que los infames agresores la habían saltado. Por ello, salto con todas sus fuerzas y se agarro a la valla intentando ascender. Pero nuestro policía no contaba con su considerable masa corporal y tras una larga  lucha contra la gravedad  y a punto de rendirse descubrió, sorprendido, que la puerta que había en la valla estaba abierta.
Avergonzado (pues no sabia de ningun policia que cometiera esos errores y que ¡aun peor! no supiera ni saltar una valla) paso la puerta y se encontró unas escaleras pequeñas que subió de dos en dos hasta llegar a la primera planta de un edificio en ruinas dispuesto a acabar con el caso de una vez por todas. Allí encontró a los dos hombres manteniendo una acalorada discusión y se abalanzo sin darles tiempo a reaccionar sobre el de la gabardina pues le pareció que era el que llevaba las riendas. Del golpe que le dio lo dejo inconsciente en el suelo y el bajito aprovecho esos momentos para huir. Pero Detective no estaba dispuesto a dejar escapar a un criminal y no dudo ni un momento en saltar por una ventana (como tantas veces había echo su detective favorito) rompiendo el cristal a su paso y dandose tal golpe contra la acera que le dejo incosciente
Cuando detective despertó, vio a su amiga pizzera con el tobillo muy hinchado mirándolo con cara de enfado y diciéndole  que no le volviera a hablar nunca más. Y también vio a la mujer del callejón ofreciéndole hielo al hombre de la gabardina y mirando a nuestro heroe con cara de desagrado. Y por fin se resolvió el misterio, la pareja estaba ensayando su actuación en el teatro cuya puerta trasera desembocaba en el dichoso callejón. Estaban en ello cuando de repente el hombre bajito robo la mochila de la mujer que estaba apoyada en la pared y en la que llevaba su móvil y su documentación. Su compañero persiguió al ladrón hasta llegar al edificio donde estuvo a punto de conseguir que le devolviera lo robado cuando apareció Detective para fastidiarlo todo.
Detective llegó a casa a primera hora de la mañana despues de que le hubieran extraído en el hospital diez cristales que se le habain incrustado a la piel. En la puerta encontró al cartero que le dio dos sobres con el sello de la policía local. Dos multas por destrucción de propiedad por el puesto de la fruta y por el cristal de la casa. Además recibió un SMS en el que le informaban de que le habían despedido del trabajo a él y a su compañera.
Mason Smith (ya no era El detective) dono al día siguiente todos sus libros de policías a la biblioteca municipal y decidió que sería mucho mejor leer novelas romanticas. Quien sabe que podria pasar…

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